Ayahuasca, psicología del alma

Extracto del libro «Hij@s de la Ayahuasca» escrito por Alejandro Tébar y Sandra Vieira.

🌿 Dedicatoria 

A quienes caminan con el corazón abierto. 

 A quienes han sentido el llamado sin saber de dónde venía. 

  A quienes escucharon la voz de la tierra, 

 del cuerpo, 

 del alma, 

 aunque no entendieran el idioma. 

A quienes han amado, perdido, sanado, caído, 

 y vuelto a levantarse con una humildad nueva. 

PRÓLOGO — Ayahuasca, Psicología del amor 

CAPÍTULO 1 — Un mismo origen  

CAPÍTULO 2 — Neurociencia de la ayahuasca 

CAPÍTULO 3 — Psicología emocional 

CAPÍTULO 4 — Psicología cognitiva 

CAPÍTULO 5 — Psicología somática 

CAPÍTULO 6 — Psicología transpersonal 

CAPÍTULO 7 — Psicología y trauma 

CAPÍTULO 8 — Integración terapéutica: cuando la experiencia se convierte en vida 

PRÓLOGO — Nueva psicología del amor 

“Solo se conoce aquello que se ama.” Søren Kierkegaard 

La psicología nació para devolverle al ser humano su alma. 

Para escuchar lo que la mente no entiende.  

Para dar forma al misterio. 

La psicología es el arte de aprender a amarse. 

La psicología nació para mirar hacia adentro, para acercarse a ese territorio secreto que los griegos llamaron psykhé: la hondura del ser, su latido oculto, su misterio sagrado. Con el tiempo, la disciplina se volvió técnica y la psique quedó reducida a lo que puede medirse, observarse o encajar en un protocolo.  

Pero el alma no desaparece porque se la ignore: sigue hablando en sueños que inquietan, en síntomas que piden sentido, en intuiciones que desbordan la lógica y en crisis que ningún manual puede contener. Allí, en ese desbordamiento, la psicología recuerda quién es. 


CAPÍTULO 1 — Un mismo origen

La psicología y la espiritualidad no son caminos separados.
Nacen del mismo lugar: el chamanismo, la primera forma humana de explorar la mente, el alma y el misterio.
Ambas comparten una motivación esencial: sanar.

Durante siglos, estos caminos se fueron diferenciando, pero su raíz es la misma.
El chamán fue el primer psicólogo:
quien escuchaba el dolor, acompañaba las crisis y facilitaba la transformación.

Hoy estamos regresando a ese origen.
La psicología reconoce que la sanación no es solo mental,
y la espiritualidad reconoce que la transformación también necesita comprensión y cuidado.
Las dos se complementan, se iluminan mutuamente. La ayahuasca encarna ese reencuentro:
une lo emocional con lo simbólico, lo corporal con lo espiritual, lo psicológico con lo ancestral.

 CAPÍTULO 2 — Neurociencia de la ayahuasca 

El cerebro en estado de revelación 

Hay momentos en los que la mente se abre como una flor nocturna. 

 La ayahuasca provoca uno de esos momentos. 

Momentos en los que lo que siempre estuvo ahí —la memoria, el dolor, la belleza, el miedo, la intuición— se vuelve visible, casi táctil. 

 Y la neurociencia intenta describir lo que ocurre en ese instante en que la consciencia se expande. 

1. La química del umbral 

La ayahuasca es un encuentro entre dos mundos: 

 el mundo vegetal y el mundo neuronal. 

 Su arquitectura farmacológica es simple y a la vez prodigiosa. 

Por un lado, la liana Banisteriopsis caapi aporta β‑carbolinas

 harmina, harmalina y tetrahidroharmina. 

 Estas moléculas inhiben la enzima MAO-A, la guardiana que normalmente impide que el DMT llegue al cerebro. 

Por otro lado, las hojas de Psychotria viridis aportan DMT, una molécula que el cuerpo humano también produce en pequeñas cantidades, como si la naturaleza hubiera dejado una llave dentro de nosotros para un día abrir la puerta. 

Cuando ambas plantas se combinan, ocurre algo extraordinario: 

 el DMT se vuelve oralmente activo y atraviesa el umbral de la consciencia. 

No es una droga. 

 Es un diálogo químico. 

 Una conversación entre moléculas que despiertan memorias antiguas. 

 Y entonces ocurre lo que Aldous Huxley llamó “la apertura de las puertas de la percepción”¹. 

No es magia. 

 Es biología poética. 

2. La Red por Defecto: donde habita el ego     

La neurociencia moderna ha identificado una red cerebral que sostiene la narrativa del yo: la Default Mode Network (DMN).  

 Es la red que se activa cuando pensamos en nosotros mismos, cuando recordamos, cuando anticipamos, cuando nos contamos la historia de quiénes somos. Es nuestra neurosis, cuando su actividad es excesiva. 

La ayahuasca reduce su actividad. 

 No la destruye: la flexibiliza. 

Cuando la DMN se silencia, el yo deja de ser un muro y se convierte en una ventana. 

 La identidad se vuelve permeable. 

 La memoria se vuelve accesible. 

 La emoción se vuelve honesta. 

La neurociencia lo describe como una desintegración temporal del yo narrativo

 La psicología lo reconoce como una oportunidad para vernos sin máscaras. 

 La espiritualidad lo celebra como una disolución del ego. 

3. Hiperconectividad: el cerebro que canta 

Bajo los efectos de la ayahuasca, el cerebro no se apaga: 

 se reorganiza. 

Estudios de neuroimagen muestran que regiones que normalmente no se comunican entre sí comienzan a hacerlo. 

 Es como si el cerebro, por unas horas, dejara de seguir sus rutas habituales y se permitiera improvisar. 

La ciencia lo llama hiperconectividad global

 Yo prefiero llamarlo cerebro poético

En ese estado: 

  • la memoria dialoga con la imaginación 
  • la emoción dialoga con el cuerpo  
  • el pasado dialoga con el presente 

La experiencia visionaria no es un delirio: 

 es el resultado de un cerebro que canta en múltiples voces a la vez. 

 Es un estado de hiperconectividad global, donde la mente piensa en imágenes, símbolos y metáforas. 

El filósofo Gaston Bachelard sugería que “la imaginación no es la facultad de formar imágenes, sino una herramienta para descodificar la realidad”³. 

 La ayahuasca activa esa imaginación profunda para revelar un mundo más real, y resignificándolo con orden y belleza

4. El cuerpo como laboratorio emocional 

La ayahuasca no actúa solo en el cerebro. 

 Actúa en todo el organismo. 

Los estudios muestran aumentos en: 

  • prolactina, que abre la sensibilidad afectiva 
  • cortisol, que moviliza energía para procesar lo profundo 
  • hormona de crecimiento, que favorece la plasticidad neuronal 
  • temperatura corporal, que acompaña la liberación emocional 
  • frecuencia respiratoria, que sostiene la intensidad 
  • dilatación pupilar, que amplifica la percepción 

Estos cambios no son efectos secundarios. 

 Son parte del proceso. 

 El cuerpo se convierte en un escenario donde la psique se expresa. 

Bessel van der Kolk lo anticipó: “el cuerpo es el escenario donde se representa el trauma”⁴.  

La purga, los temblores, el calor, las lágrimas, no son síntomas: 

 son lenguajes. 

La neurociencia los mide. 

 La psicología los interpreta. 

 La ayahuasca los orquesta. 

Una de las características más fascinantes de la ayahuasca es su capacidad para activar regiones cerebrales asociadas a: 

  • la imaginación 
  • la memoria autobiográfica 
  • el procesamiento emocional 
  • la percepción visual interna 

El resultado es un estado en el que la mente piensa en imágenes. 

 No en conceptos. 

 No en palabras. 

 En símbolos. 

El símbolo es el lenguaje del inconsciente. 

 Y la ayahuasca lo habla con fluidez. 

La neurociencia puede mostrar qué áreas se iluminan. 

 Pero no puede explicar por qué una persona ve a su madre fallecida, o a un jaguar que empodera, o a un río que limpia memorias emocionales.

 Eso pertenece al territorio del alma. 

6. Plasticidad: el cerebro que se reescribe 

Después de una sesión de ayahuasca, el cerebro queda en un estado de plasticidad aumentada

 Es como si la experiencia abriera una ventana temporal en la que: 

  • es más fácil cambiar hábitos 
  • es más fácil perdonar 
  • es más fácil comprender 
  • es más fácil soltar 
  • es más fácil empezar de nuevo 

Stanislav Grof lo llamó “la inteligencia interna de sanación”⁵.  

La neurociencia lo llama ventana de aprendizaje

 La psicología lo llama integración

 La tradición lo llama recibir la enseñanza

7. La neurociencia se rinde ante el misterio 

La ciencia puede describir los mecanismos. 

 Puede medir las hormonas. 

 Puede mapear las redes neuronales. 

 Pero hay algo que no puede hacer: 

 explicar por qué la experiencia transforma. 

La neurociencia ilumina el camino, pero no lo agota. 

 La ayahuasca nos recuerda que la consciencia es más vasta que cualquier modelo, 

 y que el cerebro es un instrumento, no el origen del misterio. 

🌿 CAPÍTULO 3 — Psicología emocional 

La apertura del corazón: cuando la emoción se vuelve camino 

Hay emociones que viven como animales dormidos en el fondo del pecho. 

 No desaparecen: esperan. 

 Esperan un temblor, una grieta en la coraza. 

 La ayahuasca no las inventa; simplemente retira el velo que las mantenía en silencio. 

La psicología emocional contemporánea ha demostrado que las emociones reprimidas no se disuelven con el tiempo; se transforman en síntomas, tensiones, patrones relacionales, silencios. 

 La ayahuasca, en cambio, parece tener una misión distinta: 

 devolvernos la capacidad de sentir sin miedo

Este capítulo explora ese territorio: 

 el lugar donde la emoción se convierte en maestra, 

 y la ayahuasca en catalizador de una sinceridad que transforma. 

1. La emoción como memoria viva 

Las emociones no son solo reacciones: son archivos. 

 Cada emoción contiene una historia, un gesto, un rostro, una frase que nos marcó sin que lo supiéramos. 

 Bessel van der Kolk lo sintetizó con precisión quirúrgica en el título de su libro: 

 “El cuerpo lleva la cuenta”². 

 La ayahuasca parece leer esa cuenta con una lucidez que a veces asusta y a veces libera. 

Cuando la planta abre el acceso a emociones reprimidas, no lo hace desde la violencia, sino desde una forma de sinceridad radical: 

La emoción se vuelve incuestionable porque es auténtica. 

2. La caída de las defensas 

Las defensas psicológicas —evitación, intelectualización, desconexión— son estrategias de supervivencia. 

 Pero bajo ayahuasca, esas defensas se vuelven transparentes. 

 James Hillman, padre de la psicología arquetipal, decía que “la emoción es la vía real hacia el alma”⁴. 

 La ayahuasca abre esa vía sin pedir permiso. 

No destruye las defensas: las vuelve innecesarias. 

 Por unas horas, el organismo recuerda cómo sentir sin miedo. 

3. La purga emocional: llorar, temblar, soltar 

La purga —llanto, temblor, vómito, suspiro— es un lenguaje. 

 Maurice Merleau‑Ponty escribió que “el cuerpo es nuestra manera general de tener un mundo”⁵. 

 La ayahuasca convierte ese cuerpo en un instrumento de liberación emocional. 

Lo que se expulsa no es solo materia: es historia. 

 Es memoria congelada que encuentra una salida. 

 Es emoción que por fin se atreve a moverse. 

En términos somáticos, la purga es una descarga neurovegetativa

 el sistema nervioso libera tensiones acumuladas que la mente no podía procesar sola. 

4. El encuentro con la vulnerabilidad 

Hay un momento en muchas sesiones en el que la persona siente que se rompe. 

 No físicamente. 

 No mentalmente. 

 Se rompe la coraza. 

La vulnerabilidad aparece como un animal tímido que sale de la cueva. 

 Y en ese instante, la persona descubre algo que la psicología emocional lleva décadas intentando enseñar: 

 la vulnerabilidad no es debilidad; es acceso

Acceso a la ternura. 

 Acceso a la verdad. 

 Acceso a la humanidad compartida. 

Viktor Frankl lo expresó desde otra perspectiva: 

 “Lo que da luz debe soportar arder”⁶. 

 La ayahuasca enciende esa luz interior, y el miedo que sentimos es la resistencia de lo que se estaba ocultando. 

5. La emoción como brújula 

En la vida cotidiana, solemos huir de las emociones intensas. 

 Pero bajo ayahuasca, la emoción se convierte en guía. 

La tristeza señala lo que necesita ser llorado. 

 La rabia señala lo que necesita ser defendido. 

 El miedo señala lo que necesita ser visto. 

 El amor señala lo que necesita ser recordado. 

La emoción deja de ser un obstáculo y se convierte en un mapa. 

 Un mapa que no se lee con la mente, sino con el cuerpo. 

6. La reconciliación interna 

Uno de los efectos más profundos de la ayahuasca es la capacidad de reconciliar partes internas que estaban en conflicto: 

  • el niño herido 
  • el adulto exigente 
  • la sombra reprimida 
  • la voz crítica 
  • la parte que huye 
  • la parte que busca 

La psicología lo llama integración emocional

 La ayahuasca lo hace visible: 

 las partes internas se encuentran, se hablan, se reconocen. 

A veces, por primera vez. 

Jung lo anticipó cuando escribió que “la totalidad no se logra cortando lo que está mal, sino integrando lo que falta”⁷. 

7. El corazón como órgano de conocimiento 

La psicología occidental ha privilegiado la mente. 

 La ayahuasca privilegia el corazón. 

No el corazón romántico. 

 El corazón como órgano de percepción. 

 El corazón como brújula ética. 

 El corazón como centro de coherencia. 

Muchos participantes describen experiencias de: 

  • amor incondicional 
  • compasión profunda 
  • perdón espontáneo 
  • conexión con otros seres 

Estas experiencias no son fantasías. 

 Son estados emocionales ampliados que reorganizan la identidad. 

La neurociencia lo explica como hiperconectividad. 

 La psicología lo explica como regulación emocional profunda. 

 La tradición lo explica como apertura del corazón. 

Todas son ciertas. 

8. Después de la tormenta: la claridad 

Cuando la emoción se libera, aparece algo que no puede forzarse: 

 claridad

No claridad intelectual. 

 Claridad emocional. 

La persona sabe lo que necesita hacer. 

 Sabe lo que necesita dejar. 

 Sabe lo que necesita sanar. 

 Sabe lo que necesita decir. 

 Sabe lo que necesita vivir. 

La ayahuasca no da respuestas. 

 Da claridad para encontrarlas. 

🌿 CAPÍTULO 4 — Psicología cognitiva 

Cómo la ayahuasca reescribe la historia interna 

La mente humana es una narradora incansable. 

 Cuenta historias incluso cuando dormimos. 

 Historias sobre quiénes somos, quiénes deberíamos ser, qué merecemos, qué tememos, qué recordamos y qué evitamos recordar. 

 La psicología cognitiva sostiene que no sufrimos por lo que nos ocurre, sino por la interpretación que hacemos de lo que nos ocurre. 

 La ayahuasca, en cambio, parece intervenir directamente en el lugar donde esas interpretaciones se forman: 

 el tejido narrativo del yo. El ser real toma la palabra, rescribe tu historia resignificándola de orden, belleza y propósito. 

Este capítulo explora cómo la ayahuasca flexibiliza, cuestiona y reescribe los patrones cognitivos que sostienen nuestra identidad. 

1. La mente como narradora 

Jerome Bruner escribió que “somos los relatos que contamos sobre nosotros mismos”¹. 

 La ayahuasca no destruye esos relatos: los ilumina desde dentro. 

Bajo su efecto, la narrativa interna se vuelve más permeable. 

 Las historias rígidas —“yo soy así”, “esto siempre me pasa”, “no puedo cambiar”— pierden su autoridad. 

 La mente deja de repetir y empieza a escuchar. 

La ayahuasca no impone una nueva historia: 

 abre espacio para que aparezca una historia más verdadera. 

2. La suspensión del pensamiento automático 

La mayor parte del sufrimiento cognitivo proviene de pensamientos automáticos

 juicios, comparaciones, anticipaciones, rumiaciones. 

 Aaron Beck los llamó “distorsiones cognitivas”². 

La ayahuasca no discute con esas distorsiones: 

 las desactiva temporalmente. 

La rumiación se detiene. 

 La mente deja de girar en círculos, en bucles neuróticos. 

 El pensamiento se vuelve más lento, más amplio, más contemplativo. 

No es silencio mental. 

 La medicina crea un espacio mental donde la sabiduría aflora. 

3. La desidentificación cognitiva 

Uno de los efectos más transformadores de la ayahuasca es que permite mirar los pensamientos sin quedar atrapado en ellos. La psicología contemporánea llama a esto defusión cognitiva: reconocer que un pensamiento no es una verdad, sino un evento mental que aparece y se va.

La ayahuasca no borra los pensamientos difíciles; cambia la forma en que nos relacionamos con ellos. Lo que antes parecía sólido —“no valgo”, “estoy solo”, “no hay salida”— se vuelve más ligero, menos literal, menos amenazante.

La Terapia de Aceptación y Compromiso explica que el sufrimiento surge cuando el yo se endurece. Bajo la ayahuasca, ese yo se flexibiliza: deja de vivirse como una estructura fija y se convierte en un proceso que puede observarse desde cierta distancia, como si la mente se descubriera a sí misma por primera vez.

4. Insight:

 ese momento en el que una verdad interna se revela de golpe. 

La ayahuasca parece acelerar ese proceso. 

 No porque dé respuestas, sino porque desbloquea las condiciones internas para que la comprensión emerja

Carl Rogers escribió que “cuando acepto lo que soy, entonces puedo cambiar”⁴. 

 La ayahuasca facilita esa aceptación radical, y desde ahí, la comprensión se vuelve inevitable. 

5. La reescritura de la memoria 

La memoria no es un archivo estático. 

 Es un proceso dinámico que se reescribe cada vez que recordamos. 

 Elizabeth Loftus demostró que “recordar es un acto creativo”⁵. 

La ayahuasca intensifica esa creatividad. 

 No inventa recuerdos: 

 los reorganiza. 

Muchos participantes describen escenas de su infancia con una claridad emocional que nunca habían tenido. 

 No se trata de recordar más, sino de recordar mejor

 con más contexto, más compasión, más perspectiva. 

La ayahuasca no cambia el pasado. 

 Cambia la relación con el pasado. 

6. La mente simbólica 

La ayahuasca activa un modo cognitivo que la psicología clásica no puede explicar del todo: 

 el pensamiento simbólico. 

Erich Neumann escribió que “el símbolo es la forma en que la psique se expresa cuando el lenguaje racional no basta”⁶. 

 La ayahuasca habla en ese idioma. 

El jaguar no es un jaguar; es voluntad. 

 La serpiente es cambio, desprendimiento del pasado. 

El águila representa al Ser que tiene una visión global de su vida. 

El colibrí anuncia que el corazón se está abriendo como una flor. 

 Son metáforas vivas que reorganizan la cognición desde un nivel más profundo que el pensamiento lógico. 

7. La claridad después del caos 

La experiencia cognitiva con ayahuasca puede ser caótica: 

 imágenes, recuerdos, asociaciones, intuiciones. 

 Pero después de la tormenta, aparece algo que la psicología cognitiva reconoce como reorganización

La mente se siente más ligera. 

 Más coherente. 

 Más honesta. 

No porque haya encontrado todas las respuestas, sino porque ha dejado de sostener tantas mentiras. 

🌿 CAPÍTULO 5 — Psicología somática 

Merleau Ponty: “no tenemos un cuerpo: somos un cuerpo.”

El cuerpo como escenario de la transformación 

El cuerpo es el primer hogar de la consciencia. 

 Antes de que aprendamos a hablar, ya sentimos. 

 Antes de que podamos pensar, ya temblamos, respiramos, nos contraemos. 

 La psicología somática sostiene que el cuerpo no solo acompaña la experiencia emocional: 

 la contiene, la expresa y la transforma

La ayahuasca confirma esta intuición ancestral. 

 No actúa únicamente en la mente, ni únicamente en la emoción. 

 Actúa en el cuerpo como si fuera un territorio sagrado donde se guardan memorias, tensiones, traumas y posibilidades de renacimiento. 

 Y la ayahuasca trabaja precisamente ahí: en el ser encarnado. 

1. El cuerpo como archivo emocional 

La psicología somática contemporánea ha demostrado que el cuerpo guarda lo que la mente no puede procesar. 

 Wilhelm Reich lo llamó “coraza muscular”²: tensiones crónicas que protegen al yo, pero también lo aprisionan. 

Bessel van der Kolk lo actualizó un siglo después: 

 “El trauma no es la historia que ocurrió, sino la huella que dejó en el sistema nervioso”³. 

La ayahuasca parece leer esa huella con una precisión sorprendente. 

 No desde la mente, sino desde la sensación. 

 No desde el recuerdo, sino desde la vibración. 

2. La purga como descarga neurovegetativa 

La purga —vómito, llanto, sudor, temblor, respiración intensa— no es un accidente. 

 Es un proceso fisiológico de liberación. 

Peter Levine observó que los animales liberan el trauma a través del temblor espontáneo⁴. 

 Los humanos, en cambio, aprendimos a inhibirlo. 

La ayahuasca deshace esa inhibición. 

 Permite que el cuerpo complete ciclos que quedaron congelados: 

  • temblores que liberan miedo 
  • vómitos que drenan memorias tóxicas 
  • suspiros que abren el diafragma 
  • calor que derrite tensiones antiguas 

No es simbólico. 

 Es biológico. 

 Y también es espiritual. 

3. Respiración: el puente entre mundos 

La respiración cambia bajo ayahuasca. 

 Se acelera, se profundiza, se corta, se libera. 

 Cada patrón respiratorio es un mensaje. 

Stanislav Grof, al estudiar la respiración holotrópica, descubrió que “la respiración es una llave que abre las puertas del inconsciente”⁵. 

 La ayahuasca activa esa llave sin necesidad de técnicas. 

Cuando la respiración se intensifica, el cuerpo entra en un estado de descarga emocional

 Cuando se suaviza, entra en un estado de integración

La respiración es el metrónomo del proceso. 

4. El cuerpo como oráculo 

Muchos participantes describen sensaciones que parecen tener significado: 

  • presión en el pecho antes de llorar 
  • nudos en el estómago antes de recordar 
  • calor en la garganta antes de hablar una verdad 
  • vibración en la columna antes de una visión 

La psicología somática lo entiende como interocepción

 la capacidad de sentir los estados internos del cuerpo. 

Antonio Damasio lo formuló así: 

 “El sentimiento es la percepción del cuerpo”⁶. 

La ayahuasca amplifica esa percepción hasta convertirla en guía. 

 El cuerpo se vuelve oráculo. 

5. Movimiento espontáneo: cuando el cuerpo habla 

Bajo ayahuasca, el cuerpo a veces se mueve solo: 

  • manos que se abren 
  • brazos que se elevan 
  • columna que ondula 
  • mandíbula que tiembla 
  • piernas que se estiran 

Estos movimientos no son convulsiones ni posesiones. 

 Son descargas somáticas espontáneas

Alexander Lowen escribió que “el cuerpo busca siempre completar el movimiento que fue interrumpido”⁷. 

 La ayahuasca permite que ese movimiento se complete. 

6. El cuerpo como puente hacia lo transpersonal 

La psicología occidental separó durante siglos cuerpo y espíritu. 

 La ayahuasca los reúne. 

Muchos participantes describen: 

  • sensaciones de energía recorriendo el cuerpo 
  • expansión más allá de los límites físicos 
  • percepción de “ser respirado” por algo mayor 
  • vibraciones que se sienten como luz 

Estas experiencias no son meras alucinaciones. 

 Son estados somáticos ampliados que conectan con dimensiones transpersonales. 

Ken Wilber lo expresó así: 

 “El espíritu no está fuera del cuerpo; se revela a través del cuerpo”⁸. 

7. Después de la liberación: el cuerpo renovado 

Cuando el proceso somático se completa, el cuerpo queda distinto: 

  • más ligero 
  • más abierto 
  • más honesto 

No es una metáfora. 

 Es una reorganización del sistema nervioso. 

La ayahuasca no solo libera emociones: 

 reorganiza patrones corporales

El cuerpo recuerda cómo sentirse vivo. 

Notas 

🌿 CAPÍTULO 6 — Psicología transpersonal  

Cuando el yo se abre y aparece el mundo: ayahuasca, conciencia y el misterio que nos piensa 

Hay noches en las que uno no sabe si está entrando en la ayahuasca 

 o si la ayahuasca está entrando en uno. 

 Noches en las que el yo se vuelve poroso, 

 como si la identidad fuera una piel demasiado fina para contener todo lo que somos. 

 Noches en las que la conciencia se expande hacia adentro, 

 como si el universo estuviera escondido en el pecho. 

La psicología transpersonal nació para intentar describir esas noches. 

 Pero la ayahuasca las hace vivir

Este capítulo no es solo teoría. 

 Es un mapa emocional, un testimonio, un espejo. 

 Es la historia de lo que ocurre cuando el yo se abre 

 y aparece el mundo. 

1. El yo que se deshace como una frontera mal dibujada 

La primera vez que el yo se afloja bajo ayahuasca, uno siente miedo. 

 No un miedo racional, sino un miedo antiguo, animal, visceral. 

 El miedo de perderse. 

 El miedo de no volver. 

Miedo a no ser.

Pero después de ese miedo, aparece algo más grande: 

 una sensación de alivio. 

 Como si el yo hubiera sido una habitación demasiado pequeña 

 y de pronto se abrieran las ventanas. 

Jung lo sabía: 

 “El yo es una isla en un océano más vasto”¹. 

 La ayahuasca nos arroja al océano. 

Y en ese océano, uno descubre que no está solo. 

 Que nunca estuvo solo. 

 Que el yo era una frontera mal dibujada 

 sobre un territorio infinito. 

2. Grof: la psique como un continente que no cabe en un mapa 

 “La psique humana es multidimensional.”

Grof no estudió la ayahuasca (pero sí trabajó con otros psicodélicos), 

 pero la ayahuasca confirma todo lo que intuyó. 

La psique no es una casa con habitaciones. 

 Es un continente. 

 Un territorio con montañas biográficas, 

 ríos perinatales, 

 selvas transpersonales. 

Bajo ayahuasca, uno puede caminar por ese paisaje: 

  • entrar en un recuerdo de infancia 
  • atravesar un túnel de nacimiento 
  • encontrarse con un ancestro 
  • hablar con un animal 
  • disolverse en la luz 
  • convertirse en un árbol 
  • morir 
  • renacer 

La ayahuasca no inventa nada. 

 Revela lo que ya estaba ahí. 

La ayahuasca nos muestra esas dimensiones 

 como si fueran habitaciones iluminadas una por una. 

4. Arquetipos: el alma piensa en imágenes 

Hay visiones que no son visiones. 

 Son mensajes. 

 Son símbolos. 

 Son lenguajes antiguos que hablan sin palabras. 

Hillman lo sabía: 

 “El alma piensa en imágenes”⁴. 

Por eso, bajo ayahuasca: 

  • Los colores simbolizan los chakras que se están abriendo 
  • Los fractales simbolizan la apertura a otras dimensiones 
  • la anciana es el espíritu de la planta que te habla 
  • la luz es iluminación 

Todo es símbolo. 

 Todo es metáfora. 

 Todo es alma. 

La ayahuasca no muestra imágenes: 

 muestra significados

Y uno los entiende sin saber cómo. 

 Como si el alma recordara un idioma que la mente había olvidado. 

5. La experiencia de unidad: cuando el mundo respira contigo 

Hay un momento —a veces breve, a veces eterno— 

 en el que uno deja de ser uno. 

 Y se convierte en todo. 

No es una idea. 

 No es una metáfora. 

 Es una sensación física, emocional, espiritual. 

Es el momento en el que uno siente que: 

  • el bosque respira contigo 
  • el río piensa contigo 
  • la tierra te sostiene 
  • el universo te mira desde adentro 

William James lo llamó “disolución de las fronteras del yo”⁵. 

 Los místicos lo llamaron iluminación. 

 Los chamanes lo llamaron visión. 

 La psicología transpersonal lo llama experiencia cumbre. 

Pero ninguna palabra le hace justicia. 

 Porque no es una experiencia que se pueda explicar. 

 Es una experiencia que te explica a ti. 

6. La muerte y el renacimiento: el rito que nadie pidió pero todos necesitan 

Morir bajo ayahuasca no es morir. 

 Es soltar. 

 Soltar la historia, 

 soltar el personaje, 

 soltar la máscara, 

 soltar el miedo. 

Es un desnudarse del alma. 

Y después de esa muerte, 

 viene un renacimiento. 

 No un renacimiento místico, 

 sino un renacimiento psicológico. 

Uno vuelve a la vida con: 

  • menos peso 
  • más claridad 
  • más humildad 
  • más gratitud 
  • más verdad 

Campbell lo llamó “el viaje del héroe”⁶. 

 La ayahuasca lo llama tu vida, pero sin mentiras

7. La sanación energética: cuando el cuerpo se convierte en luz 

Hay momentos en los que uno siente energía. 

 No como concepto. 

 Como realidad física. 

Calor que sube. 

 Vibración que recorre. 

 Luz que se mueve. 

 Nudos que se deshacen. 

Shannon McRae lo explicó desde la psicología energética: 

 las emociones son patrones vibratorios⁷. 

 El trauma es un bloqueo. 

 La sanación es un flujo. 

La ayahuasca restablece ese flujo. 

 No desde la mente, 

 sino desde el cuerpo. 

 Desde la energía. 

 Desde la luz. 

8. La naturaleza como maestra: el mundo vivo que nos mira 

David Abram lo dijo con belleza: 

 “La mente es una extensión del cuerpo, y el cuerpo es una extensión de la tierra”⁸. 

Cada sensación es un mensaje.

 Cada movimiento es una memoria que se suelta.

 Cada purga es una verdad que se libera.

El cuerpo no es un obstáculo.

 Es el altar.

9. El tiempo expandido: cuando el pasado y el futuro se tocan 

Bajo ayahuasca, el tiempo se vuelve extraño. 

 El pasado se siente presente. 

 El presente se siente eterno. 

 El futuro se siente posible. 

Eliade lo llamó “tiempo sagrado”⁹. 

 Un tiempo circular, 

 un tiempo mítico, 

 un tiempo que no se mide, 

 sino que se vive. 

La ayahuasca nos introduce en ese tiempo. 

 Y desde ahí, la vida cotidiana se ve distinta. 

 Más amplia. 

 Más profunda. 

 Más verdadera. 

10. La integración: volver del otro lado con los ojos abiertos 

La experiencia transpersonal no es el final. 

 Es el inicio. 

Después de la visión, viene la vida. 

 Después de la expansión, viene el arraigo. 

 Después del vuelo, viene el regreso. 

La integración es el arte de traer el cielo a la tierra. 

 De convertir la visión en acción. 

 La intuición en decisión. 

 La revelación en transformación. 

La ayahuasca no nos lleva fuera de la vida. 

 Nos devuelve a ella con más profundidad. 

11. El yo como un nudo que se deshace 

A veces el yo no se rompe: 

 se deshace. 

 Como un nudo que se afloja lentamente, 

 como un hilo que se suelta sin violencia. 

La ayahuasca no destruye la identidad. 

 La vuelve permeable. 

 La vuelve honesta. 

 La vuelve humilde. 

Uno descubre que el yo no era una fortaleza, 

 sino un refugio temporal. 

 Una estructura útil, sí, 

 pero no definitiva. 

Y cuando el yo se afloja, 

 aparece algo más grande: 

 una presencia silenciosa, 

 una conciencia que observa, 

 una inteligencia que no es mía 

 pero que me incluye. 

15. La inteligencia vegetal 

Hay un momento en el que uno siente que la ayahuasca no es una sustancia, 

 sino una inteligencia. 

 Una presencia. 

 Una maestra. 

No una maestra externa, 

 sino una maestra interna 

 que usa la planta como vehículo. 

La ayahuasca no te dice qué hacer. 

 Te muestra lo que ya sabías 

 pero no querías ver. 

No te da respuestas. 

 Te da claridad. 

No te salva. 

 Te revela. 

17. La sombra como guardiana del umbral 

No hay expansión sin sombra. 

 No hay luz sin oscuridad. 

 No hay visión sin confrontación. 

La ayahuasca no solo muestra belleza. 

 Muestra lo que evitamos. 

 Muestra lo que duele. 

 Muestra lo que negamos. 

Pero la sombra no es enemiga. 

 Es guardiana. 

 Es maestra. 

 Es puerta. 

La sombra no bloquea el camino. 

 Es el camino. 

18. El espíritu como dimensión psicológica

El espíritu no es una creencia.

 Es una dimensión de la conciencia.

Es el momento en el que uno siente que:

•        hay algo más

•        ese algo más te incluye

•        ese algo más te sostiene

•        ese algo más te llama

La ayahuasca no te lleva al espíritu.

 Te recuerda que siempre estuviste ahí.

19. El regreso: la verdadera iniciación 

La experiencia transpersonal no termina cuando termina la ceremonia. 

 Termina cuando vuelves a la vida. 

Cuando vuelves a mirar a alguien a los ojos 

 y ves su alma. 

 Cuando vuelves a caminar por la calle 

 y sientes la tierra. 

 Cuando vuelves a respirar 

 y sabes que estás vivo. 

La verdadera iniciación no ocurre en la visión. 

 Ocurre en el regreso. 

🌑 CAPÍTULO 7 — Psicología y trauma

Cuando la herida se convierte en camino

Hay heridas que no sangran.

 Heridas que no se ven.

 Heridas que no duelen en la piel, sino en la memoria.

 Heridas que no se recuerdan con la mente, sino con el cuerpo.

El trauma es una de esas heridas.

No es un evento.

 Es una huella.

 Una marca en el sistema nervioso, en la respiración, en la postura, en la forma de amar, en la forma de huir, en la forma de sobrevivir.

La ayahuasca no borra esa huella.

 La ilumina.

Este capítulo explora ese territorio:

 el lugar donde la psicología del trauma se encuentra con la medicina visionaria,

 donde la herida se convierte en maestra,

 y donde el cuerpo recuerda lo que la mente olvidó.

1. Qué es el trauma: la herida que se queda atrapada

El trauma no es lo que pasó.

 Es lo que quedó congelado.

Peter Levine, creador de Somatic Experiencing, escribió:

 “El trauma es energía atrapada en el cuerpo.”²

Esa energía atrapada se manifiesta como:

•        hipervigilancia

•        ansiedad

•        disociación

•        evitación

•        patrones repetitivos

•        miedo sin causa aparente

•        emociones desbordadas o ausentes

El trauma es un circuito incompleto.

 Un movimiento que no pudo terminar.

 Una emoción que no pudo expresarse.

 Una verdad que no pudo decirse.

La ayahuasca no fuerza ese movimiento.

 Lo acompaña.

2. Trauma y memoria: lo que el cuerpo recuerda cuando la mente olvida

La memoria traumática no es narrativa.

 Es sensorial.

 Es fragmentada.

 Es atemporal.

El cuerpo tiene memorias tatuadas, algunas dolorosas,

por eso, bajo ayahuasca, muchas personas no ven escenas,

 sino sensaciones:

•        presión en el pecho

•        nudo en la garganta

•        temblor en las manos

•        calor en el estómago

•        vacío en el pecho

El cuerpo habla.

 Y la ayahuasca escucha.

3. La disociación: cuando el alma se separa para sobrevivir

El trauma no solo hiere.

 Divide.

La disociación es una estrategia de supervivencia.

 Una forma de protegerse cuando el dolor es demasiado grande.

Judith Herman escribió:

 “La disociación es la huida cuando no hay escape.”⁴

Bajo ayahuasca, esa división puede hacerse visible:

•        partes internas que hablan

•        voces que emergen

•        memorias que regresan

•        emociones que se descongelan

No es locura.

 Es integración.

La planta no rompe la disociación.

 La suaviza.

 La hace permeable.

 Permite que las partes vuelvan a mirarse.

4. La purga traumática: el cuerpo que expulsa lo que guardó demasiado tiempo

La purga no es solo física.

 Es emocional.

 Es energética.

 Es simbólica.

Lo que se expulsa no es solo materia.

 Es historia.

Levine lo describe como “descarga neurovegetativa”:

 el sistema nervioso liberando lo que quedó atrapado⁵.

En la ceremonia, la purga puede manifestarse como:

•        vómito

•        llanto

•        temblor

•        sudor

•        respiración intensa

•        suspiros profundos

Cada purga es un capítulo que se cierra.

 Una memoria que se libera.

 Una tensión que se disuelve.

5. La sombra traumática: lo que evitamos mirar

El trauma no solo duele.

 Avergüenza.

 Confunde.

 Divide.

Por eso se esconde en la sombra.

Jung escribió:

 “La sombra contiene aquello que rechazamos de nosotros mismos.”⁶

La ayahuasca ilumina esa sombra.

 No para castigar,

 sino para liberar.

Lo que aparece puede ser:

•        miedo

•        rabia

•        vergüenza

•        culpa

•        impotencia

•        tristeza profunda

Pero detrás de cada emoción hay una verdad.

 Y detrás de cada verdad, una liberación.

6. El trauma relacional: las heridas que vienen del amor

Las heridas más profundas no vienen del peligro.

 Vienen del vínculo.

Del abandono.

 Del rechazo.

 De la negligencia.

 De la violencia emocional.

 De la falta de mirada.

 De la falta de amor.

Gabor Maté lo resume así:

 “El trauma no es lo que te hicieron, sino lo que faltó cuando más lo necesitabas.”⁷

La ayahuasca no reescribe el pasado.

 Pero permite sentir lo que no se pudo sentir.

 Y llorar lo que no se pudo llorar.

7. La re-experimentación segura: volver sin revivir

La ayahuasca no re-traumatiza.

 Re-contextualiza.

Permite que la persona:

•        vea la escena

•        sienta la emoción

•        comprenda el impacto

•        mantenga la distancia

•        recupere el poder

Es lo que Grof llamó “revivencia terapéutica”:

 volver al trauma sin quedar atrapado en él⁸.

El cuerpo recuerda.

 Pero esta vez, no está solo.

8. La integración: cuando la herida se convierte en sabiduría

El trauma no desaparece.

 Se transforma.

La integración es el proceso en el que:

•        la emoción se completa

•        la memoria se ordena

•        la identidad se reorganiza

•        la narrativa se reescribe

•        la persona recupera su poder

La ayahuasca no cura el trauma.

 Activa la capacidad interna de sanación.

El resto lo hace la vida.

 La terapia.

 El cuerpo.

 El vínculo.

 La presencia.

Referencias

1.      Bessel van der Kolk, The Body Keeps the Score, 2014.

2.      Peter Levine, Waking the Tiger, 1997.

3.      Van der Kolk, op. cit.

4.      Judith Herman, Trauma and Recovery, 1992.

5.      Levine, op. cit.

6.      C. G. Jung, Aion, 1951.

7.      Gabor Maté, In the Realm of Hungry Ghosts, 2008.

8.      Stanislav Grof, Beyond the Brain, 1985.