El viaje de la ayahuasca: del miedo al éxtasis

El ritual de ayahuasca es mucho más que un encuentro con una planta sagrada. Es un viaje espiritual, psicológico y emocional que conduce hacia la verdad más profunda de cada persona. En NeoAyahuasca, cada ceremonia está guiada por un equipo terapéutico con experiencia. El objetivo es crear un espacio seguro donde la transformación personal pueda darse de forma natural.

Este proceso se desarrolla en ocho fases. Cada una tiene un propósito concreto y acompaña al participante desde el primer llamado hasta la integración posterior de la experiencia.

Primera fase: la llamada

Aunque la ayahuasca es accesible para muchas personas, no todo el mundo debería tomarla. Antes de asistir a una ceremonia, es importante sentir una certeza interna. Se trata de la intuición de participar en algo profundo que puede generar un cambio real en la vida.

Esto ocurre con todo lo verdaderamente importante. Cuando algo es auténtico, no suele haber dudas. Aun así, es normal sentir respeto o un cierto temor. Todo proceso de transformación genera inquietud. Tras más de quince años acompañando y dirigiendo retiros, la experiencia muestra que solo un pequeño porcentaje de personas se arrepiente de haber participado.

Durante la entrevista previa, se valora si el momento vital es adecuado para vivir la experiencia. La vida funciona como un espejo. Cuando el entorno refleja experiencias positivas, lo habitual es que el proceso interno también lo sea.

Segunda fase: la intención

La ceremonia comienza con la apertura del círculo de palabra. En este espacio, cada participante expresa la intención que le ha llevado a estar allí. Esto genera cohesión grupal y crea un ambiente terapéutico compartido.

Intencionar la ceremonia ayuda a enfocar la energía y a evitar la dispersión mental. También facilita que emerjan las respuestas necesarias. Como recoge la tradición taoísta, la energía sigue al pensamiento.

Tercera fase: la toma de las plantas maestras

La dosis de ayahuasca se adapta a cada persona. Se tiene en cuenta el peso corporal, el estado emocional y la experiencia previa. De forma orientativa, suele oscilar entre treinta y cincuenta miligramos por toma.

Este momento se vive en silencio y con respeto. Es fundamental que las personas sean conscientes de que participan en un acto sagrado y profundamente terapéutico. En esta fase, muchas describen una conexión con lo trascendente. Se despierta un estado de amor y conciencia profunda.

Cuarta fase: la música y el paisaje emocional

Tras aproximadamente media hora, la fuerza de la planta comienza a manifestarse. A través de cantos y música, los facilitadores sostienen y guían el proceso. Las canciones acompañan el viaje interno, abren el corazón y facilitan estados de expansión emocional.

La música es un elemento central de la ceremonia. Permite acceder a distintos estados emocionales y psicológicos. Se utiliza música medicina, un género nacido en contextos ceremoniales, diseñado para ayudar a navegar el inconsciente.

Las letras transmiten una filosofía de vida basada en la aceptación, el perdón y el cierre de ciclos. Ofrecen otra forma de percibir la realidad, más conectada y consciente. Ayudan a encontrar sentido y orden en el aparente caos de la experiencia vital.

Quinta fase: desbloqueo y catarsis emocional

Uno de los aspectos esenciales de la ceremonia es la purificación. Esta puede ser física, emocional o ambas. En algunos casos, aparece la purga a través del vómito o la evacuación. Este proceso suele darse en personas que necesitan una desintoxicación más profunda.

Lejos de ser algo negativo, la purga representa una liberación de energías densas y traumas acumulados. Incluye experiencias relacionadas con la infancia, el linaje familiar o vivencias pasadas. Esta fase facilita una transformación interior auténtica.

Tras la purificación, muchas personas sienten mayor claridad mental y una conexión más profunda con las visiones y enseñanzas del ritual. La ayahuasca también puede inducir una intensa catarsis emocional. El llanto, la risa o el movimiento corporal permiten liberar emociones reprimidas y reconectar con la energía del gozo.

Sexta fase: el puzle terapéutico

Las experiencias durante la ceremonia varían mucho entre personas. Algunas viven visiones intensas. Otras atraviesan procesos físicos o emocionales. Las visiones suelen ser simbólicas y reflejan aspectos del inconsciente que necesitan ser integrados.

Este proceso permite ordenar el aparente caos emocional. Las imágenes revelan conexiones ocultas y aportan sentido a experiencias pasadas. Para muchas personas, esta comprensión equivale a meses de trabajo terapéutico.

Séptima fase: el éxtasis

Cuando se atraviesan los miedos y se conecta con el Ser, aparece una sensación profunda de paz y plenitud. Es un viaje del miedo al amor y de la inconsciencia a la conciencia.

Muchas personas describen esta fase como una experiencia mística. Se produce una reconexión con el corazón y con la esencia más auténtica. La ayahuasca enseña a mirarse con amor, aceptación y perdón. Se vive como un renacimiento interior y un despertar a una vida más consciente.

Este proceso activa la capacidad de autoconocimiento. Cada persona descubre que posee un terapeuta interior que guía el proceso y ayuda a transformar heridas en aprendizajes.

Octava fase: integración y cambio

La experiencia no termina con la ceremonia. Lo que ocurre después es fundamental. La transformación interior comienza a manifestarse en la vida cotidiana a través de sincronicidades y cambios en la percepción.

Al conectar con el Ser real, se aprende a observar emociones, pensamientos y acciones sin identificarse con ellos. Lo que antes generaba conflicto comienza a verse con perspectiva. Se pasa del drama a la comprensión y del miedo a la confianza.

Las plantas maestras nos reconectan con una mirada más abierta y vital. Recuperamos la capacidad de asombro, la creatividad y el sentido de propósito. La experiencia se convierte en un viaje hacia una vida más consciente y coherente.

Participar en una ceremonia de ayahuasca es abrir la puerta a un proceso profundo de autoconocimiento y expansión de la conciencia. Cada fase acompaña un regreso al corazón y al recuerdo de quiénes somos en esencia.

En NeoAyahuasca creemos que este camino, del miedo al éxtasis, es una de las experiencias más transformadoras que una persona puede vivir. Un renacer que devuelve a la vida con más amor, más verdad y más propósito.