Psicología del trauma y ayahuasca

Extracto del libro «Hij@s de la Ayahuasca». Escrito por Alejandro Tébar y Sandra Vieira

PSICOLOGÍA DEL TRAUMA Y AYAHUASCA 

Cuando la herida se convierte en camino 

Hay heridas que no sangran.  

 Heridas que no se ven.  

 Heridas que no duelen en la piel, sino en la memoria.  

 Heridas que no se recuerdan con la mente, sino con el cuerpo.  

El trauma es una de esas heridas.  

No es un evento.  

 Es una huella.  

 Una marca en el sistema nervioso, en la respiración, en la postura, en la forma de amar, en la forma de huir, en la forma de sobrevivir.  

La ayahuasca no borra esa huella.  

 La ilumina.  

Este capítulo explora ese territorio:  

 el lugar donde la psicología del trauma se encuentra con la medicina visionaria,  

 donde la herida se convierte en maestra,  

 y donde el cuerpo recuerda lo que la mente olvidó.  

  1. Qué es el trauma: la herida que se queda atrapada

El trauma no es lo que pasó.  

 Es lo que quedó congelado.  

Peter Levine, creador de Somatic Experiencing, escribió:  

“El trauma es energía atrapada en el cuerpo.”²  

Esa energía atrapada se manifiesta como:  

  • hipervigilancia  
  • ansiedad  
  • disociación  
  • evitación  
  • patrones repetitivos  
  • miedo sin causa aparente  
  • emociones desbordadas o ausentes  

El trauma es un circuito incompleto.  

 Un movimiento que no pudo terminar.  

 Una emoción que no pudo expresarse.  

 Una verdad que no pudo decirse.  

La ayahuasca no fuerza ese movimiento.  

 Lo acompaña.  

  1. Trauma y memoria: lo que el cuerpo recuerda cuando la mente olvida

La memoria traumática no es narrativa.  

 Es sensorial.  

 Es fragmentada.  

 Es atemporal.  

El cuerpo tiene memorias tatuadas, algunas dolorosas,  

por eso, bajo ayahuasca, muchas personas no ven escenas,  

 sino sensaciones:  

  • presión en el pecho  
  • nudo en la garganta  
  • temblor en las manos  
  • calor en el estómago  
  • vacío en el pecho  

El cuerpo habla.  

 Y la ayahuasca escucha.  

  1. La disociación: cuando el alma se separa para sobrevivir

El trauma no solo hiere.  

 Divide.  

La disociación es una estrategia de supervivencia.  

 Una forma de protegerse cuando el dolor es demasiado grande.  

Judith Herman escribió:  

“La disociación es la huida cuando no hay escape.”⁴  

Bajo ayahuasca, esa división puede hacerse visible:  

  • partes internas que hablan  
  • voces que emergen  
  • memorias que regresan  
  • emociones que se descongelan  

No es locura.  

 Es integración.  

La planta no rompe la disociación.  

 La suaviza.  

 La hace permeable.  

 Permite que las partes vuelvan a mirarse.  

  1. La purga traumática: el cuerpo que expulsa lo que guardó demasiado tiempo

La purga no es solo física.  

 Es emocional.  

 Es energética.  

 Es simbólica.  

Lo que se expulsa no es solo materia.  

 Es historia.  

Levine lo describe como “descarga neurovegetativa”:  

 el sistema nervioso liberando lo que quedó atrapado⁵.  

En la ceremonia, la purga puede manifestarse como:  

  • vómito  
  • llanto  
  • temblor  
  • sudor  
  • respiración intensa  
  • suspiros profundos  

Cada purga es un capítulo que se cierra.  

 Una memoria que se libera.  

 Una tensión que se disuelve.  

  1. La sombra traumática: lo que evitamos mirar

El trauma no solo duele.  

 Avergüenza.  

 Confunde.  

 Divide.  

Por eso se esconde en la sombra.  

Jung escribió:  

“La sombra contiene aquello que rechazamos de nosotros mismos.”⁶  

La ayahuasca ilumina esa sombra.  

 No para castigar,  

 sino para liberar.  

Lo que aparece puede ser:  

  • miedo  
  • rabia  
  • vergüenza  
  • culpa  
  • impotencia  
  • tristeza profunda  

Pero detrás de cada emoción hay una verdad.  

 Y detrás de cada verdad, una liberación.  

  1. El trauma relacional: las heridas que vienen del amor

Las heridas más profundas no vienen del peligro.  

 Vienen del vínculo.  

Del abandono.  

 Del rechazo.  

 De la negligencia.  

 De la violencia emocional.  

 De la falta de mirada.  

 De la falta de amor.  

Gabor Maté lo resume así:  

“El trauma no es lo que te hicieron, sino lo que faltó cuando más lo necesitabas.”⁷  

La ayahuasca no reescribe el pasado.  

 Pero permite sentir lo que no se pudo sentir.  

 Y llorar lo que no se pudo llorar.  

  1. La re-experimentación segura: volver sin revivir

La ayahuasca no re-traumatiza.  

 Re-contextualiza.  

Permite que la persona:  

  • vea la escena  
  • sienta la emoción  
  • comprenda el impacto  
  • mantenga la distancia  
  • recupere el poder  

Es lo que Grof llamó “revivencia terapéutica”:  

 volver al trauma sin quedar atrapado en él⁸.  

El cuerpo recuerda.  

 Pero esta vez, no está solo.  

  1. La integración: cuando la herida se convierte en sabiduría

El trauma no desaparece.  

 Se transforma.  

La integración es el proceso en el que:  

  • la emoción se completa  
  • la memoria se ordena  
  • la identidad se reorganiza  
  • la narrativa se reescribe  
  • la persona recupera su poder  

La ayahuasca no cura el trauma.  

Activa la capacidad interna de sanación. 

El resto lo hace la vida.  

 La terapia.  

 El cuerpo.  

 El vínculo.  

 La presencia.  

Referencias 

  1. Bessel van der Kolk, The Body Keeps the Score, 2014.  
  1. Peter Levine, Waking the Tiger, 1997.  
  1. Van der Kolk, op. cit.  
  1. Judith Herman, Trauma and Recovery, 1992.  
  1. Levine, op. cit.  
  1. C. G. Jung, Aion, 1951.  
  1. Gabor Maté, In the Realm of Hungry Ghosts, 2008.  
  1. Stanislav Grof, Beyond the Brain, 1985.  

 

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