Extracto del libro «Hij@s de la Ayahuasca». Escrito por Alejandro Tébar y Sandra Vieira
La experiencia con la ayahuasca: el regreso a uno mismo
La ayahuasca no es una sustancia.
No es un ritual.
No es una visión.
No es una experiencia extraordinaria.
Es un proceso.
Un proceso que comienza mucho antes de beber y continúa mucho después de que los efectos hayan pasado.
Un proceso que no se limita al cerebro, ni al cuerpo, ni a la emoción, ni a la narrativa.
Un proceso que involucra a la persona entera: su historia, su identidad, su dolor, su deseo, su miedo, su anhelo, su capacidad de sentir, su capacidad de entregarse, su capacidad de transformarse.
La ayahuasca no “enseña” nada en el sentido convencional.
No transmite información.
No impone creencias.
No dicta verdades.
Lo que hace es revelar.
Revela lo que estaba oculto.
Revela lo que estaba reprimido.
Revela lo que estaba congelado.
Revela lo que estaba esperando ser visto.
Revela lo que la persona ya sabía, pero no podía sentir.
La revelación no es un acto mágico: es un acto de contacto.
Contacto con la emoción, con la memoria, con el cuerpo, con la historia, con la vulnerabilidad, con la claridad, con la vida.
9.1. La transformación como proceso continuo
La transformación no ocurre en la ceremonia.
Ocurre en la vida cotidiana.
Ocurre cuando la persona:
- se atreve a sentir lo que antes evitaba,
- se atreve a decir lo que antes callaba,
- se atreve a poner límites donde antes cedía,
- se atreve a cuidarse donde antes se abandonaba,
- se atreve a amar donde antes se protegía,
- se atreve a vivir desde un lugar más verdadero.
La experiencia con ayahuasca no es un destino.
Es un punto de inflexión.
Un punto donde la persona puede elegir:
- seguir como antes,
- o comenzar a vivir desde un lugar más consciente.
La ayahuasca no cambia la vida.
Cambia a la persona que vive la vida.
Y esa persona, desde ese cambio, transforma su mundo.
9.2. La conciencia como guía
En el fondo, la ayahuasca no introduce nada nuevo.
No añade nada que no estuviera ya dentro.
Lo que hace es quitar ruido.
Quitar defensas.
Quitar máscaras.
Quitar narrativas rígidas.
Quitar capas de protección que fueron necesarias en su momento, pero que ahora impiden crecer.
Cuando esas capas se relajan, aparece algo que siempre estuvo ahí:
la conciencia.
Una conciencia que no es pensamiento.
No es emoción.
No es identidad.
No es historia.
Es presencia.
Es claridad.
Es capacidad de ver.
Es capacidad de sentir.
Es capacidad de estar.
La ayahuasca no crea esa conciencia.
La revela.
9.3. El regreso a uno mismo
La experiencia profunda no lleva a un lugar nuevo.
Lleva a un lugar antiguo.
Un lugar que precede a la historia personal.
Un lugar que no depende de la narrativa del yo.
Un lugar que no puede perderse, porque no puede dejar de ser.
Ese lugar es el centro.
El núcleo.
La raíz.
La fuente.
La ayahuasca no te lleva hacia afuera.
Te lleva hacia adentro.
Hacia el lugar donde la vida se siente directamente, sin intermediarios.
Por eso tantas personas describen la experiencia como un “regreso”.
Un regreso a sí mismas.
Un regreso a su verdad.
Un regreso a su sensibilidad.
Un regreso a su humanidad.
Un regreso a su capacidad de amar.
Un regreso a su capacidad de estar vivas.
9.4. La responsabilidad de la claridad
La claridad no es un privilegio.
Es una responsabilidad.
Cuando la persona ve con claridad:
- ya no puede ignorar lo que antes evitaba,
- ya no puede sostener patrones que sabe que le hacen daño,
- ya no puede permanecer en relaciones que la destruyen,
- ya no puede seguir viviendo desde el miedo,
- ya no puede seguir traicionándose a sí misma.
La claridad exige acción.
Exige coherencia.
Exige valentía.
La ayahuasca no resuelve la vida.
Pero muestra dónde está la vida que necesita ser vivida.
9.5. La experiencia como espejo
La ayahuasca no muestra el futuro.
No muestra destinos.
No muestra caminos predeterminados.
Muestra lo que es.
Muestra:
- el dolor que no se ha sentido,
- el amor que no se ha expresado,
- la verdad que no se ha dicho,
- la fuerza que no se ha reconocido,
- la vulnerabilidad que no se ha permitido,
- la historia que no se ha integrado.
La ayahuasca es un espejo.
Un espejo que no refleja la imagen que mostramos al mundo, sino la imagen que llevamos dentro.
Un espejo que no juzga.
No critica.
No condena.
Solo muestra.
Y en ese mostrar, libera.
9.6. Cierre: la vida como ceremonia
La ceremonia no termina cuando se apagan las velas.
La ceremonia comienza cuando la persona vuelve a su vida.
Cada conversación, cada decisión, cada emoción, cada relación, cada silencio, cada gesto es parte de la ceremonia.
La vida entera se convierte en el espacio donde la experiencia se integra, se encarna y se expresa.
La ayahuasca no es un escape de la vida.
Es un regreso a la vida.
Un regreso más consciente, más sensible, más honesto, más presente.
Un regreso a uno mismo.
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