Extracto del libro «Hij@s de la Ayahuasca». Escrito por Alejandro Tébar y Sandra Vieira
El cuerpo se libera de memorias dramáticas
Una de las contribuciones más importantes de las investigaciones contemporáneas sobre trauma y estados ampliados de conciencia es la comprensión de que el cuerpo no es un mero soporte biológico, sino un archivo vivo.
Un archivo que registra, almacena y expresa información emocional que la mente consciente no siempre puede procesar.
Esta idea, que durante décadas fue marginal, ha sido confirmada por estudios clínicos, neurobiológicos y somáticos.
El cuerpo recuerda.
El cuerpo guarda.
El cuerpo habla.
La ayahuasca, en este sentido, no solo actúa sobre la mente: actúa sobre el sistema emocional profundo, permitiendo que contenidos reprimidos emerjan a la superficie de forma orgánica, precisa y, en muchos casos, profundamente liberadora.
4.1. El cuerpo como depósito de trauma
El trauma no se almacena como un recuerdo narrativo, sino como un estado fisiológico.
Cuando una experiencia supera la capacidad de regulación del sistema nervioso, el cuerpo entra en un modo de supervivencia que puede quedar fijado en el tiempo.
Esto se manifiesta como:
- tensión muscular crónica,
- patrones respiratorios alterados,
- hipervigilancia,
- bloqueo emocional,
- anestesia afectiva,
- reacciones desproporcionadas ante estímulos neutros.
Bessel van der Kolk lo sintetizó de forma contundente en su libro:
“El cuerpo lleva la cuenta.”¹
La memoria traumática no es un recuerdo: es una sensación.
Una sensación que se activa sin permiso, sin lógica y sin contexto.
La ayahuasca facilita el acceso a estas memorias somáticas no a través de la narrativa, sino a través de la experiencia directa.
4.2. Activación límbica bajo ayahuasca
Los estudios de neuroimagen muestran que la ayahuasca incrementa la actividad en regiones asociadas al procesamiento emocional, como la amígdala, el hipocampo y la ínsula².
Esto tiene varias implicaciones:
Emergencia de emociones reprimidas
Emociones que habían sido evitadas durante años —tristeza, rabia, miedo, culpa— emergen con claridad.
No como ideas, sino como sensaciones corporales.
La persona puede sentir:
- un nudo en el pecho,
- calor en el abdomen,
- temblores en las extremidades,
- presión en la garganta,
- oleadas de energía,
- necesidad de llorar o gritar.
Estas sensaciones no son síntomas de descontrol, sino señales de que el cuerpo está procesando.
Procesamiento somático
A diferencia de la terapia verbal, donde la emoción se describe, en la ayahuasca la emoción se atraviesa.
El cuerpo completa respuestas que quedaron interrumpidas en el pasado:
- temblar,
- llorar,
- tensarse,
- relajarse,
- respirar profundamente,
- vocalizar,
- moverse espontáneamente.
Este tipo de liberación ha sido documentado en terapias somáticas, pero bajo ayahuasca ocurre de forma más rápida y profunda³.
La purga como lenguaje corporal
La purga —vómito, llanto, temblor, sudoración, respiración intensa— no es un efecto secundario.
Es un mecanismo de descarga.
Desde una perspectiva somática, la purga es:
- la expulsión de tensión acumulada,
- la liberación de energía emocional,
- la resolución de respuestas de supervivencia incompletas,
- la reorganización del sistema nervioso.
Muchos participantes describen la purga como “sacar algo que llevaba años dentro”.
No es metáfora: es fisiología emocional.
4.3. La memoria implícita y el acceso a lo no narrado
La memoria implícita es aquella que no se recuerda como historia, sino como sensación.
Es la memoria que se activa cuando:
- alguien levanta la voz,
- una puerta se cierra de golpe,
- una persona se acerca demasiado,
- aparece un olor específico,
- surge un tono emocional familiar.
La ayahuasca permite acceder a esta memoria sin necesidad de reconstruir la historia.
La persona puede sentir una emoción intensa sin saber exactamente de dónde viene.
Esto no es un error:
es una oportunidad terapéutica.
La narrativa puede venir después.
Lo importante es que el cuerpo complete lo que quedó incompleto.
4.4. Integración emocional: del deshielo a la reorganización
Después de la liberación emocional, el sistema nervioso entra en un estado de reorganización.
La persona puede experimentar:
- alivio,
- claridad,
- ligereza,
- calma profunda,
- sensación de espacio interno,
- comprensión espontánea.
Este proceso no es intelectual.
Es fisiológico.
La emoción que antes estaba congelada se descongela.
La energía que antes estaba bloqueada se mueve.
La tensión que antes era crónica se libera.
La integración emocional es el puente entre la experiencia y la transformación.
4.5. El papel del acompañamiento en la liberación somática
La liberación emocional puede ser intensa.
Por eso el acompañamiento es fundamental.
Un facilitador experimentado:
- reconoce los signos de liberación,
- sostiene el proceso sin intervenir en exceso,
- ofrece seguridad,
- ayuda a regular la respiración,
- evita la retraumatización,
- guía la integración posterior.
La ayahuasca no cura por sí sola.
Crea las condiciones para que el cuerpo haga lo que sabe hacer:
sanar.



