Ayahuasca : efectos neuronales

Extracto del libro «Hij@s de la Ayahuasca». Escrito por Alejandro Tébar y Sandra Vieira

NEUROCIENCIA DE LA AYAHUASCA 

El cerebro en estado de revelación 

Hay momentos en la vida en los que la mente parece abrirse como una flor nocturna. 

 Momentos en los que lo que siempre estuvo ahí —la memoria, el dolor, la belleza, el miedo, la intuición— se vuelve visible, casi táctil. 

 La ayahuasca provoca uno de esos momentos. 

 Y la neurociencia, con toda su precisión y su humildad, intenta describir lo que ocurre en ese instante en que la consciencia se expande. 

Pero describir no es comprender. 

 Y comprender no es reducir. 

 Este capítulo no pretende encerrar la experiencia en un mapa, sino mostrar cómo el cerebro responde cuando una inteligencia vegetal entra en diálogo con él. 

 

  1. La química del umbral

La ayahuasca es un encuentro entre dos mundos: 

 el mundo vegetal y el mundo neuronal. 

 Su arquitectura farmacológica es simple y a la vez prodigiosa. 

Por un lado, la liana Banisteriopsis caapi aporta β‑carbolinas: 

 harmina, harmalina y tetrahidroharmina. 

 Estas moléculas inhiben la enzima MAO-A, la guardiana que normalmente impide que el DMT llegue al cerebro. 

Por otro lado, las hojas de Psychotria viridis aportan DMT, una molécula que el cuerpo humano también produce en pequeñas cantidades, como si la naturaleza hubiera dejado una llave dentro de nosotros para un día abrir la puerta. 

Cuando ambas plantas se combinan, ocurre algo extraordinario: 

 el DMT se vuelve oralmente activo y atraviesa el umbral de la consciencia. 

No es una droga. 

 Es un diálogo químico. 

 Una conversación entre moléculas que despiertan memorias antiguas. 

 

  1. La Red por Defecto: el yo que se disuelve

La neurociencia moderna ha identificado una red cerebral que sostiene la narrativa del yo: 

 la Default Mode Network (DMN) 

 Es la red que se activa cuando pensamos en nosotros mismos, cuando recordamos, cuando anticipamos, cuando nos contamos la historia de quiénes somos. Nuestra neurosis, cuando su actividad es excesiva. 

La ayahuasca reduce su actividad. 

 No la destruye: la flexibiliza. 

Cuando la DMN se silencia, el yo deja de ser un muro y se convierte en una ventana. 

 La identidad se vuelve permeable. 

 La memoria se vuelve accesible. 

 La emoción se vuelve honesta. 

La neurociencia lo describe como una desintegración temporal del yo narrativo. 

 La psicología lo reconoce como una oportunidad para vernos sin máscaras. 

 La espiritualidad lo celebra como una disolución del ego. 

 

  1. Hiperconectividad: el cerebro que canta

Bajo los efectos de la ayahuasca, el cerebro no se apaga: 

 se reorganiza. 

Estudios de neuroimagen muestran que regiones que normalmente no se comunican entre sí comienzan a hacerlo. 

 Es como si el cerebro, por unas horas, dejara de seguir sus rutas habituales y se permitiera improvisar. 

La ciencia lo llama hiperconectividad global. 

 Yo prefiero llamarlo cerebro poético. 

En ese estado: 

  • la memoria dialoga con la imaginación 
  • la emoción dialoga con la percepción 
  • el cuerpo dialoga con el símbolo 
  • el pasado dialoga con el presente 

La experiencia visionaria no es un delirio: 

 es el resultado de un cerebro que canta en múltiples voces a la vez. 

 

  1. El cuerpo como laboratorio de la consciencia

La ayahuasca no actúa solo en el cerebro. 

 Actúa en todo el organismo. 

Los estudios muestran aumentos en: 

  • prolactina, que abre la sensibilidad afectiva 
  • cortisol, que moviliza energía para procesar lo profundo 
  • hormona de crecimiento, que favorece la plasticidad neuronal 
  • temperatura corporal, que acompaña la liberación emocional 
  • frecuencia respiratoria, que sostiene la intensidad 
  • dilatación pupilar, que amplifica la percepción 

Estos cambios no son efectos secundarios. 

 Son parte del proceso. 

 El cuerpo se convierte en un escenario donde la psique se expresa. 

La purga, los temblores, el calor, las lágrimas, no son síntomas: 

 son lenguajes. 

La neurociencia los mide. 

 La psicología los interpreta. 

 La ayahuasca los orquesta. 

 

  1. El cerebro simbólico

Una de las características más fascinantes de la ayahuasca es su capacidad para activar regiones cerebrales asociadas a: 

  • la imaginación 
  • la memoria autobiográfica 
  • el procesamiento emocional 
  • la percepción visual interna 

El resultado es un estado en el que la mente piensa en imágenes. 

 No en conceptos. 

 No en palabras. 

 En símbolos. 

El símbolo es el lenguaje del inconsciente. 

 Y la ayahuasca lo habla con fluidez. 

La neurociencia puede mostrar qué áreas se iluminan. 

 Pero no puede explicar por qué una persona ve a su madre fallecida, o a un jaguar, o a un río que le habla. 

 Eso pertenece al territorio del alma. 

 

  1. Plasticidad: el cerebro que se reescribe

Después de una sesión de ayahuasca, el cerebro queda en un estado de plasticidad aumentada. 

 Es como si la experiencia abriera una ventana temporal en la que: 

  • es más fácil cambiar hábitos 
  • es más fácil perdonar 
  • es más fácil comprender 
  • es más fácil soltar 
  • es más fácil empezar de nuevo 

La neurociencia lo llama ventana de aprendizaje. 

 La psicología lo llama integración. 

 La tradición lo llama recibir la enseñanza. 

 

  1. La neurociencia se rinde ante el misterio

La ciencia puede describir los mecanismos. 

 Puede medir las hormonas. 

 Puede mapear las redes neuronales. 

 Pero hay algo que no puede hacer: 

 explicar por qué la experiencia transforma. 

La neurociencia ilumina el camino, pero no lo agota. 

 La ayahuasca nos recuerda que la consciencia es más vasta que cualquier modelo, 

 y que el cerebro es un instrumento, no el origen del misterio 

 

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