Extracto del libro «Ayahuasca Curandera. Historia. Neurociencia y Psicología del Alma». Alejandro Tébar y Sandra Vieira
Las 4 enseñanzas esenciales de la ayahuasca
«La medicina, si hay caos en tu vida, te ordena. Si hay orden, te da belleza.»
Neoayahuasca
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«Conócete a ti mismo, y conocerás el mundo»
Inscripción del oráculo de Delfos
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«Si quieres conocer a alguien de verdad, compartid una ceremonia de ayahuasca.»
Dicho ayahuasquero
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«Solo se puede amar lo que es real.»
Neoconsciencia
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SUMARIO
Mapa del viaje
- 01 Muchos nombres, una misma medicina
- 02 Cuatro enseñanzas esenciales
- 03 La herida nuclear — encontrar la raíz del miedo
- 04 Las máscaras del Ego — el espejo del Ser roto
- 05 La memoria del verdadero Ser — quien se conoce, conoce el mundo
- 06 Amarte tal como eres — el corazón de la medicina
- 07 Cierre — despertar, amar, cocrear
- 01
Muchos nombres, una misma medicina
Cada tribu amazónica la nombra a su manera. Los cofanes la llaman yagé. Los shuar la conocen como natem. Para los tukano del Vaupés es caapi. En la tradición del Santo Daime se la nombra daime. En la cuenca peruana se la llama, con ternura antigua, el bejuco del alma. Cambian las lenguas, cambian las geografías, cambian los cantos que la invocan.
Pero algo no cambia: todas las tradiciones que beben de esta planta coinciden en llamarla del mismo modo, con palabras distintas que apuntan al mismo lugar. La llaman la medicina de la verdad y del amor.
En este artículo entenderás por qué.
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- 02
Cuatro enseñanzas esenciales
La ayahuasca te muestra muchas cosas a lo largo del proceso. Algunas las entiendes esa misma noche; otras se revelan días, semanas o años después. Algunas vienen en imágenes, otras en lágrimas, otras en un silencio que no habías escuchado antes.
Pero si tuviéramos que sintetizar su sabiduría en lo esencial podríamos resumirlo en cuatro movimientos. Cuatro enseñanzas encadenadas, donde cada una abre la puerta de la siguiente.
Ver la herida. Soltar el miedo y el ego. Recordar quién eres. Aprender a amar lo real
Veámoslas una a una.
- 03
La herida nuclear
Lo primero que hace la medicina, casi siempre, es señalarte tu herida nuclear, de la que nacen el resto de bloqueos y emociones negativas. Ese trauma raíz que te congeló en algún momento del pasado, que te encerró en la vibración del miedo y que, para protegerte del dolor, dio origen al Ego (un mecanismo de defensa y de adaptación).
La ayahuasca no te lleva ahí para re-traumatizarte. Te lleva para que esa escena pueda, por fin, ser vista desde otro lugar. Para que tu sistema nervioso registre, esta vez, que ya pasó. Que sobreviviste. Que no estás solo. A eso lo llamamos reedición del trauma: no borrar la memoria, sino devolverle al recuerdo su contexto real.
Y cuando esa herida es reeditada —vista, sentida, comprendida desde el adulto que hoy eres— algo extraordinario sucede: la medicina te ayuda a desprenderte del miedo que aquella herida instaló.
Quien vibra desde el miedo no vive en el presente: huye.
Habita en un pasado que ya no existe, repitiendo patrones emocionales que ocurrieron hace décadas. O habita en una proyección hacia el futuro, ensayando problemas que aún no han llegado y probablemente no llegarán nunca. Pero no vive en los real. No percibe la realidad tal como es.
Percibe su miedo proyectado sobre la realidad. Y confunde la proyección con el mundo.
Aprender a vivir sin miedo es volver al presente. Volver al cuerpo. Volver a este instante en el que, casi siempre, no hay ningún peligro real.
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- 04
Las máscaras del Ego
De ese primer movimiento se desprende el segundo, casi inevitablemente: la medicina te ayuda a soltar las máscaras del Ego.
Conviene aclarar algo antes de seguir. El Ego es, más bien, un mecanismo de supervivencia inteligente que un día —cuando eras pequeño, cuando estabas indefenso, cuando algo te dolió demasiado— se inventó para protegerte.
El Ego es el espejo del Ser roto por el trauma.
Cada fragmento de ese espejo refleja una versión distorsionada de quién eres en realidad. Un fragmento dice: «debes ser fuerte para que no te hagan daño». Otro: «debes complacer para que te quieran». Otro: «debes destacar para que te miren». Otro: «debes desaparecer para que no te ataquen».
Y tú aprendiste, durante años, a confundirte con esos reflejos. A pensar que eras la máscara. A creer que tu fortaleza forzada, tu complacencia crónica, tu necesidad de brillar o tu instinto de invisibilidad eran tu identidad.
No lo eran. Eran estrategias. Buenas estrategias, eficaces en su momento, pero estrategias al fin. La ayahuasca, suavemente o no tanto, va recogiendo esos fragmentos del suelo y mostrándotelos uno a uno. No para que te avergüences de ellos, sino para que veas que tú no eres eso; que eres mucho más. Rehace, cicatriza el espejo a modo de la famosa técnica japonesa de Kinstugi.
- 05
La memoria del verdadero Ser
Cuando esas capas caen —cuando ya no hay un miedo nuclear gobernando cada decisión, cuando las máscaras dejan de hablar por ti— ocurre lo tercero. Y es, posiblemente, el momento más conmovedor del proceso.
Te reconectas con la memoria de tu verdadero Ser.
Recuerdas quién eres. No quién te dijeron que eras. No quién aprendiste a ser para sobrevivir en tu familia, en tu colegio, en tu trabajo, en tus relaciones. No quién creías ser para encajar. Quién eres, sin más. Esa presencia silenciosa que estuvo ahí desde el principio, debajo de todo lo demás, esperando paciente a que volvieras.
Y ese autoconocimiento cambia, literalmente, tu forma de mirar el mundo. Porque la realidad deja de ser una pantalla donde proyectas tus miedos no integrados, tus heridas no vistas, tus máscaras no soltadas. La realidad se convierte, por fin, en realidad.
«La verdadera vida comienza cuando sabemos quiénes somos.»
— Neoconsciencia
Quien se conoce a sí mismo conoce el mundo, decían los griegos, porque deja de proyectarse sobre él. Ve lo que hay. No lo que teme. No lo que desea. No lo que su herida le obliga a ver.
Ver el mundo tal como es solo es posible cuando uno se ha visto, antes, tal como es.
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- 06
Amarte tal como eres
Y entonces llega lo cuarto. Lo que sostiene todo lo demás. La razón por la que estas tradiciones, durante milenios, han llamado a esta planta la medicina del amor.
Aprendes a amarte tal como eres. Amar lo real.
No la versión mejorada de ti. No la versión que crees que serás cuando hayas resuelto todos tus asuntos pendientes. No la imagen idealizada que pones en tu perfil. Tú. El que eres ahora, con tus luces y tus sombras, con tu historia y tus heridas, con tu fragilidad y tu fuerza.
Y aquí hay una ley que la ayahuasca te muestra con una claridad: el amor necesita verdad. El amor necesita realidad. El amor no puede sostenerse sobre un personaje.
Solo se puede amar lo que es real. Todo lo demás es ilusión.
Amar una máscara es amar un espejismo: el día que la máscara se cae —y siempre se cae— el amor se desvanece con ella, porque nunca estuvo dirigido a ti. Amar al Ego es amar la herida disfrazada: tarde o temprano la herida pide ser vista, y el amor construido sobre el disfraz no resiste esa exposición.
Por eso la ayahuasca, antes de enseñarte a amarte, te quita lo que no eres. No es crueldad. Es coherencia. La medicina sabe que solo puede florecer amor verdadero sobre suelo verdadero.
Y cuando ese suelo aparece —cuando, después de todo lo que la planta te ha mostrado, sigues ahí, presente, entero, sin disfraces— descubres que lo que queda es amable. Que siempre lo fue. Que la herida no te hizo menos digno de amor: solo te hizo creer, durante un tiempo, que tenías que ganártelo siendo otra cosa.
No tenías que ganártelo. Nunca tuviste que ganártelo.
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- 07
Cierre
La ayahuasca no es magia. No es un atajo. No es una experiencia de consumo espiritual. Es una maestra exigente y amorosa que, si la honras, te devuelve a ti mismo por un camino que pasa, necesariamente, por la verdad y por el amor.
Por eso las tribus amazónicas, que llevan generaciones consagrándola, no la llamaron «la medicina del éxtasis» ni «la medicina de las visiones» ni «la medicina de la expansión». Pudieron haberlo hecho: todas esas cosas también son ciertas.
Pero eligieron, sabiamente, llamarla de otro modo. Porque sabían que el éxtasis, las visiones y la expansión son pasajeros. Lo que queda, cuando la noche termina y la vida cotidiana vuelve, es otra cosa. Es lo que sí permanece. Es lo que sí cambia tu vida.
La medicina de la verdad. La medicina del amor.
Y, si ya has tomado, te resonará. Y si todavía no la conoces, y la planta te llama, ahora sabes un poco mejor lo que viene a darte.
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Despierta · Ama · Cocrea
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Alejandro Tébar Ochoa



